Real Sacerdocio

Verdadera raza sacerdotal

           Cristianismo es la verdadera raza santa sacerdotal, es el alma del Evangelio que hace circular todas las aguas vivas que las naciones tienen necesidad para satisfacer su sed, el complemento del sacerdocio de Melquisedec.

          El cristianismo nos muestra a Jesús El Señor al descubierto en el seno de nuestro ser,  sin el auxilio de formas o fórmulas de religiones comerciales mundanas. 

          El cristianismo solo se encuentra en la raíz santa  sacerdotal que es el hombre primigenio, o de la verdadera raíz sacerdotal.

          “Teniendo, pues, hermanos, plena seguridad para entrar en el santuario en virtud de la sangre de Jesús, por este camino nuevo y vivo, permitido por él para nosotros, a través del velo, es decir, de su propia carne, y un gran sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con sincero corazón, en plenitud de fe, purificados los corazones en sana  conciencia y lavados los cuerpos con agua pura”  (Heb 10:19-22)

El Hombre Nuevo de un Real Sacerdocio.

“El hombre lucha en contra de los deseos del mundo para regenerar sus pensamientos.

Lo hace pronto también en su palabra, que es como la carne y la sangre del pensamiento y, cuando se ha regenerado en esta palabra, lo hace pronto también en la obra, que es la carne y la sangre de la palabra,  transformándose en substancia espiritual y angélica, como brillante luz que hace estallar dentro de sí mismo la palabra, la llave de todos los enigmas y explicación de todos los misterios, llevando sobre sus alas el deber hacia donde el Señor le ordena.

Cuando el hombre experimenta esta transformación divina, nace a la presencia del Señor en espíritu y en verdad Sacerdote del Señor. Entonces es cuando ha recibido el orden vivificante y puede transmitir este orden a todos los que se consagren al servicio de Dios, es decir, atar y desatar, purificar, absolver, sumir al enemigo en las tinieblas y hacer que reviva la luz en las almas.

Así, el Verbo se hace carne, da vida y reina en su creación atreves del nuevo sacerdocio.

Este es el estado de los que, tras haber vencido al dragón, son elevados después de su muerte a la región del descanso y la felicidad; ése es también el estado de los que han roto en el mundo las cadenas de su esclavitud y han abierto todas sus facultades a quien no pide  nada mejor que penetrar en ellas y llenarlas; éste es, finalmente, el estado de aquellos sobre los que ha impuesto sus manos el Espíritu Santo del Señor.

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